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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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EL CIELO

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Las moradas de los ángeles

183. Siendo así que en él cielo hay sociedades y que viven como los hombres, tienen por lo tanto también habitaciones, variando estas asimismo según el estado de vida de cada uno: magníficas para los que se hallan en estado más digno, menos magníficas para aquellos que se hallan en estados más inferiores. Acerca de las habitaciones en el cielo he hablado varias veces con los ángeles, y he dicho que actualmente apenas hay quien crea que tengan habitaciones y viviendas, algunos por no verlas, otros por no saber que los ángeles son hombres; otros por creer que el cielo de los ángeles es el cielo que ven con sus ojos en derredor suyo, y viendo que parece vacío y pensando que los ángeles son seres aeriformes, vienen a la conclusión de que viven en el éter. Además no conciben que en el mundo espiritual haya cosas como las que hay en el mundo natural; porque nada saben de lo espiritual. Los ángeles dijeron que saben que existe tal ignorancia actualmente en el mundo, y, de lo cual se admiraban, más especialmente dentro de la iglesia, y en más fuerte grado entre los inteligentes en ella que entre los simples. Dijeron además que por el Verbo puede saberse que los ángeles son hombres, puesto que los que han sido vistos, han sido vistos como hombres, igualmente el Señor, quien elevó consigo todo lo humano. Puesto que son hombres, que tienen casas y habitaciones, y no según la ignorancia de algunos cuya ignorancia llamaban la locura, que se esparcen por el aire o que son de aire, por más que los llaman espíritus, y que podrían concebir esto si tan solo pensaran de ángeles y de espíritus, aparte de sus preconcebidas ideas, lo cual hacen cuando no ponen en cuestión y bajo directo discurrimiento "Si es así," porque todo hombre tiene una idea común de que los ángeles tienen forma humana, y que tienen domicilios, los cuales llaman las habitaciones del cielo, que son mucho más magníficas que las habitaciones de la tierra; pero que esta idea común, la cual viene por influjo del cielo, desvanece apenas sometida a abierta observación y al pensamiento de "SÍ es así," lo cual es el caso sobre todo con los eruditos, quienes por la propia inteligencia han cerrado para sí el cielo y la vía de la luz, que procede del mismo. Una cosa parecida sucede con la creencia que domina acerca de la vida de los hombres después de la muerte. Él que habla de ella, no pensando a la vez por la enseñanza de los eruditos, referente al alma, o por la doctrina sobre la reunión del cuerpo y el alma, cree que después de la muerte ha de vivir como hombre, y entre ángeles si ha vivido bien, y que entonces verá cosas magníficas y sentirá gozo; pero apenas piense en la doctrina sobre la reunión del cuerpo, o en la hipóstasis acerca del alma, despertándose el pensamiento de "si el alma es así," y por consiguiente "si el hecho es este,'' desvanece su primera idea.

184. Pero más vale recurrir a la evidencia de la experiencia. Siempre cuando he hablado con los ángeles cara a cara he estado con ellos en sus habitaciones. Sus habitaciones son exactamente como las habitaciones en la tierra llamadas casas, pero más hermosas; en ellas hay salas, gabinetes y alcobas en gran número, y hay atrios y alrededor de ellos jardines, matas de flores y campos. Donde hay sociedades allí las casas son contiguas, una junto a la otra, dispuestas en forma de ciudad, con calles, vías y plazas, exactamente como las ciudades en nuestra tierra. Me ha sido permitido también recorrerlas y observarlas por todas partes, y a veces entrar en las casas: esto se ha verificado en plena vigilia, siéndome abierta la vista interior.

185. He visto los palacios del cielo los cuales eran tan magníficos que es imposible describirlos. En su parte superior fulguraban como si fuese oro puro, y en su parte inferior como de piedras preciosas; un palacio más espléndido que otro. En el interior igual; los aposentos se hallaban adornados con decoraciones tales que para describirlas no bastan palabras ni ciencia. Por el lado que daba al mediodía había paraísos, en los cuales igualmente fulguraban todos los objetos; en ciertos puntos las hojas como de plata y la fruta como de oro; y las flores en sus plantíos presentaban con sus colores un aspecto semejante a un arco iris; en los confines se veían otros palacios terminando en ellos la vista. Las formas arquitectónicas del cielo son tales que puede decirse que allí el arte se halla en su arte, y no es extraño, puesto que este arte en sí mismo procede del cielo. Dicen los ángeles que tales cosas, é innumerables otras, aún más perfectas, las presenta el Señor delante de sus ojos; pero estas cosas agradan sin embargo más a sus mentes que a sus ojos, y esto porque en cada detalle ven correspondencias y por las correspondencias cosas Divinas.

186. Con respecto a correspondencias he sido informado también, que no tan sólo los palacios y las casas, sino todo y cada particular objeto dentro y fuera de ellos corresponden a las cosas interiores que por el Señor hay en ellos; que la casa misma, en general, corresponde al bien de ellos; que los varios objetos que hay dentro de la casa corresponden a la variedad de cosas de las cuales viene el bien, y las cosas que hay fuera de la casa a las verdades que proceden del bien y también a percepciones y a conocimientos; y puesto que corresponden al bien y a la verdad que por el Señor hay en ellos, corresponden asimismo a su amor y por consiguiente a su sabiduría y a su inteligencia, siendo así que el amor pertenece al bien, la sabiduría al bien y a la verdad, y la inteligencia asimismo a la verdad (que procede) del bien. Tales son las cosas que perciben los ángeles al mirar aquellos objetos, los cuales por esta razón alegran más a sus mentes que a sus ojos.

187. Por esto ha sido manifiesto el por qué el. Señor se llamó el templo que estaba en Jerusalén (Juan 2: 19, 21) y el por qué la nueva Jerusalén fue vista siendo de, oro puro, sus puertas de perlas, sus fundamentos de piedras preciosas (Apocalipsis. 21.); fue porque el templo representaba la Divina Humanidad del Señor. La nueva Jerusalén significa la nueva iglesia que luego había de ser establecida; las doce puertas las verdades que conducen al bien, y los fundamentos las verdades principales sobre las cuales descansarán sus cimientos.

188. Los ángeles que habitan en el reino celestial del Señor viven por la mayor parte en lugares elevados, semejantes a montes terráqueos. Los ángeles que forman el reino espiritual del Señor viven en lugares menos elevados, que parecen collados; los ángeles que viven en el cielo inferior viven en lugares que parecen rocas o llanuras elevadas. Estas cosas existen también por correspondencia, porque las cosas interiores corresponden a las superiores y las exteriores a las inferiores. De ahí que en el Verbo "monte" significa amor celestial, "collados" amor espiritual, y "roca" fe.

189. Hay también ángeles que no viven en sociedad, sino por separado, casa y casa. Estos viven en el medio del cielo porque son los mejores de los ángeles.

Las casas en que viven los ángeles no son edificadas como las casas en el mundo sino que les son regaladas por el Señor a cada uno según y conforme el recibimiento del bien y de la verdad. También varían algo según las modificaciones de sus estados interiores (acerca de las cuales arriba, n. 154-160). Todo cuanto los ángeles tienen, reciben del Señor, y todo cuanto necesitan les es dado.

Elsiguiente capítulo[22] §§ 191—199 El espacio en el Cielo

El capítulo previo[20] §§ 177—182 Los vestidos con que los ángeles aparecen ataviados