EL CIELO
21
Las moradas de los ángeles
183.
Siendo así que en él cielo hay sociedades y que viven como los hombres,
tienen por lo tanto también habitaciones, variando estas asimismo según
el estado de vida de cada uno: magníficas para los que se hallan en
estado más digno, menos magníficas para aquellos que se hallan en
estados más inferiores. Acerca de las habitaciones en el cielo he
hablado varias veces con los ángeles, y he dicho que actualmente apenas
hay quien crea que tengan habitaciones y viviendas, algunos por no
verlas, otros por no saber que los ángeles son hombres; otros por creer
que el cielo de los ángeles es el cielo que ven con sus ojos en derredor
suyo, y viendo que parece vacío y pensando que los ángeles son seres
aeriformes, vienen a la conclusión de que viven en el éter. Además no
conciben que en el mundo espiritual haya cosas como las que hay en el
mundo natural; porque nada saben de lo espiritual. Los ángeles dijeron
que saben que existe tal ignorancia actualmente en el mundo, y, de lo
cual se admiraban, más especialmente dentro de la iglesia, y en más
fuerte grado entre los inteligentes en ella que entre los simples.
Dijeron además que por el Verbo puede saberse que los ángeles son
hombres, puesto que los que han sido vistos, han sido vistos como
hombres, igualmente el Señor, quien elevó consigo todo lo humano. Puesto
que son hombres, que tienen casas y habitaciones, y no según la
ignorancia de algunos cuya ignorancia llamaban la locura, que se
esparcen por el aire o que son de aire, por más que los llaman
espíritus, y que podrían concebir esto si tan solo pensaran de ángeles y
de espíritus, aparte de sus preconcebidas ideas, lo cual hacen cuando no
ponen en cuestión y bajo directo discurrimiento "Si es así," porque todo
hombre tiene una idea común de que los ángeles tienen forma humana, y
que tienen domicilios, los cuales llaman las habitaciones del cielo, que
son mucho más magníficas que las habitaciones de la tierra; pero que
esta idea común, la cual viene por influjo del cielo, desvanece apenas
sometida a abierta observación y al pensamiento de "SÍ es así," lo cual
es el caso sobre todo con los eruditos, quienes por la propia
inteligencia han cerrado para sí el cielo y la vía de la luz, que
procede del mismo. Una cosa parecida sucede con la creencia que domina
acerca de la vida de los hombres después de la muerte. Él que habla de
ella, no pensando a la vez por la enseñanza de los eruditos, referente
al alma, o por la doctrina sobre la reunión del cuerpo y el alma, cree
que después de la muerte ha de vivir como hombre, y entre ángeles si ha
vivido bien, y que entonces verá cosas magníficas y sentirá gozo; pero
apenas piense en la doctrina sobre la reunión del cuerpo, o en la
hipóstasis acerca del alma, despertándose el pensamiento de "si el alma
es así," y por consiguiente "si el hecho es este,'' desvanece su
primera idea.
184.
Pero más vale recurrir a la evidencia de la experiencia. Siempre cuando
he hablado con los ángeles cara a cara he estado con ellos en sus
habitaciones. Sus habitaciones son exactamente como las habitaciones en
la tierra llamadas casas, pero más hermosas; en ellas hay salas,
gabinetes y alcobas en gran número, y hay atrios y alrededor de ellos
jardines, matas de flores y campos. Donde hay sociedades allí las casas
son contiguas, una junto a la otra, dispuestas en forma de ciudad, con
calles, vías y plazas, exactamente como las ciudades en nuestra tierra.
Me ha sido permitido también recorrerlas y observarlas por todas partes,
y a veces entrar en las casas: esto se ha verificado en plena vigilia,
siéndome abierta la vista interior.
185. He
visto los palacios del cielo los cuales eran tan magníficos que es
imposible describirlos. En su parte superior fulguraban como si fuese
oro puro, y en su parte inferior como de piedras preciosas; un palacio
más espléndido que otro. En el interior igual; los aposentos se hallaban
adornados con decoraciones tales que para describirlas no bastan
palabras ni ciencia. Por el lado que daba al mediodía había paraísos, en
los cuales igualmente fulguraban todos los objetos; en ciertos puntos
las hojas como de plata y la fruta como de oro; y las flores en sus
plantíos presentaban con sus colores un aspecto semejante a un arco
iris; en los confines se veían otros palacios terminando en ellos la
vista. Las formas arquitectónicas del cielo son tales que puede decirse
que allí el arte se halla en su arte, y no es extraño, puesto que este
arte en sí mismo procede del cielo. Dicen los ángeles que tales cosas, é
innumerables otras, aún más perfectas, las presenta el Señor delante de
sus ojos; pero estas cosas agradan sin embargo más a sus mentes que a
sus ojos, y esto porque en cada detalle ven correspondencias y por las
correspondencias cosas Divinas.
186. Con
respecto a correspondencias he sido informado también, que no tan sólo
los palacios y las casas, sino todo y cada particular objeto dentro y
fuera de ellos corresponden a las cosas interiores que por el Señor hay
en ellos; que la casa misma, en general, corresponde al bien de ellos;
que los varios objetos que hay dentro de la casa corresponden a la
variedad de cosas de las cuales viene el bien, y las cosas que hay fuera
de la casa a las verdades que proceden del bien y también a percepciones
y a conocimientos; y puesto que corresponden al bien y a la verdad que
por el Señor hay en ellos, corresponden asimismo a su amor y por
consiguiente a su sabiduría y a su inteligencia, siendo así que el amor
pertenece al bien, la sabiduría al bien y a la verdad, y la inteligencia
asimismo a la verdad (que procede) del bien. Tales son las cosas que
perciben los ángeles al mirar aquellos objetos, los cuales por esta
razón alegran más a sus mentes que a sus ojos.
187. Por
esto ha sido manifiesto el por qué el. Señor se llamó el templo que
estaba en Jerusalén (Juan 2: 19, 21) y el por qué la nueva Jerusalén fue
vista siendo de, oro puro, sus puertas de perlas, sus fundamentos de
piedras preciosas (Apocalipsis. 21.); fue porque el templo representaba
la Divina Humanidad del Señor. La nueva Jerusalén significa la nueva
iglesia que luego había de ser establecida; las doce puertas las
verdades que conducen al bien, y los fundamentos las verdades
principales sobre las cuales descansarán sus cimientos.
188. Los
ángeles que habitan en el reino celestial del Señor viven por la mayor
parte en lugares elevados, semejantes a montes terráqueos. Los ángeles
que forman el reino espiritual del Señor viven en lugares menos
elevados, que parecen collados; los ángeles que viven en el cielo
inferior viven en lugares que parecen rocas o llanuras elevadas. Estas
cosas existen también por correspondencia, porque las cosas interiores
corresponden a las superiores y las exteriores a las inferiores. De ahí
que en el Verbo "monte" significa amor celestial, "collados" amor
espiritual, y "roca" fe.
189. Hay
también ángeles que no viven en sociedad, sino por separado, casa y
casa. Estos viven en el medio del cielo porque son los mejores de los
ángeles.
Las
casas en que viven los ángeles no son edificadas como las casas en el
mundo sino que les son regaladas por el Señor a cada uno según y
conforme el recibimiento del bien y de la verdad. También varían algo
según las modificaciones de sus estados interiores (acerca de las cuales
arriba, n. 154-160). Todo cuanto los ángeles tienen, reciben del Señor,
y todo cuanto necesitan les es dado.
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